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dissabte, d’abril 12

EL PETIT PRÍNCEP


Entonces apareció el zorro:
-¡Buenos días! -dijo el zorro.
-¡Buenos días! -respondió cortésmente el principito que se volvió pero no vio nada.
-Estoy aquí, bajo el manzano -dijo la voz.
-¿Quién eres tú? -preguntó el principito-. ¡Qué bonito eres!
-Soy un zorro -dijo el zorro.
-Ven a jugar conmigo -le propuso el principito-, ¡estoy tan triste!
-No puedo jugar contigo -dijo el zorro-, no estoy domesticado.
-¡Ah, perdón! -dijo el principito.
Pero después de una breve reflexión, añadió:
-¿Qué significa "domesticar"?
-Tú no eres de aquí -dijo el zorro- ¿qué buscas?
-Busco a los hombres -le respondió el principito-. ¿Qué significa "domesticar"?
-Los hombres -dijo el zorro- tienen escopetas y cazan. ¡Es muy molesto! Pero también crían gallinas. Es lo único que les interesa. ¿Tú buscas gallinas?
-No -dijo el principito-. Busco amigos. ¿Qué significa "domesticar"? -volvió a preguntar el principito.
-Es una cosa ya olvidada -dijo el zorro-, significa "crear lazos... "
-¿Crear lazos?
-Efectivamente, verás -dijo el zorro-. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos. Y no te necesito. Tampoco tú tienes necesidad de mí. No soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo...
-Comienzo a comprender -dijo el principito-. Hay una flor... creo que ella me ha domesticado...
-Es posible -concedió el zorro-, en la Tierra se ven todo tipo de cosas.
-¡Oh, no es en la Tierra! -exclamó el principito.
El zorro pareció intrigado:
-¿En otro planeta?
-Sí.
-¿Hay cazadores en ese planeta?
-No.
-¡Qué interesante! ¿Y gallinas?
-No.
-Nada es perfecto -suspiró el zorro.
Y después volviendo a su idea:
-Mi vida es muy monótona. Cazo gallinas y los hombres me cazan a mí. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres son iguales; por consiguiente me aburro un poco. Si tú me domesticas, mi vida estará llena de sol. Conoceré el rumor de unos pasos diferentes a todos los demás. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra; los tuyos me llamarán fuera de la madriguera como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves allá abajo los campos de trigo? Yo no como pan y por lo tanto el trigo es para mí algo inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada y eso me pone triste. ¡Pero tú tienes los cabellos dorados y será algo maravilloso cuando me domestiques! El trigo, que es dorado también, será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo.
El zorro se calló y miró un buen rato al principito:
-Por favor... domestícame -le dijo.
-Bien quisiera -le respondió el principito- pero no tengo mucho tiempo. He de buscar amigos y conocer muchas cosas.
-Sólo se conocen bien las cosas que se domestican -dijo el zorro-. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, los hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!
-¿Qué debo hacer? -preguntó el principito.
-Debes tener mucha paciencia -respondió el zorro-. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca...
El principito volvió al día siguiente.
-Hubiera sido mejor -dijo el zorro- que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la felicidad. Pero si tú vienes a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón... Los ritos son necesarios.
-¿Qué es un rito? -inquirió el principito.
-Es también algo demasiado olvidado -dijo el zorro-. Es lo que hace que un día no se parezca a otro día y que una hora sea diferente a otra. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. Los jueves bailan con las muchachas del pueblo. Los jueves entonces son días maravillosos en los que puedo ir de paseo hasta la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.
De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando el día de la partida:
-¡Ah! -dijo el zorro-, lloraré.
-Tuya es la culpa -le dijo el principito-, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique...
-Ciertamente -dijo el zorro.
- ¿Y vas a llorar? -dijo el principito. -¡Seguro!
-No ganas nada.
-Gano -dijo el zorro- he ganado a causa del color del trigo.
Y luego añadió:
-Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás a decirme adiós y yo te regalaré un secreto.
El principito se fue a ver las rosas a las que dijo:
-No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.
Las rosas se sentían molestas oyendo al principito, que continuó diciéndoles:
-Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes. Cualquiera que las vea podrá creer indudablemente que mi rosa es igual que cualquiera de ustedes.
Pero ella se sabe más importante que todas, porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal, porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas ) y es a ella a la que yo he oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa, en fin.
Y volvió con el zorro.
-Adiós -le dijo. -Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos.
-Lo esencial es invisible para los ojos... -repitió el principito para acordarse. -Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella. -Es el tiempo que yo he perdido con ella... -repitió el principito para recordarlo. -Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa...
-Yo soy responsable de mi rosa... -repitió el principito a fin de recordarlo.

(Antoine de Saint-Exupéry)

dimarts, de novembre 27

INVISIBLES

Sortir de classe i veure’ls allí,
al costat de l’estàtua.
Acorrucats, un al costat de l’altre,
donant-se calor.
Els cobreix una bruta i foradada manta.
Fa pudor a vi.
Adormits, ells abraçats.
Potser somniant en una vida millor.

Arriba la policia.
Barcelona neta, somriure burleta.
Els amants entreobren els ulls.
Envegen els coloms que els miren.
Voldrien poder volar.
A ells ningú els alimenta
ni són benvinguts enlloc.

S’aixequen maldestres.
Etziben quatre grolleries.
Giren cantonada.
I, s’asseuen, novament
Invisibles,
invisibles a bona part del món.

dimecres, d’octubre 10

AMAR POR LO QUE SE ES

Un niño entró en una tienda de animales y preguntó el precio de unos cachorros que estaban en venta.
-Entre 30 y 50 euros, respondió el dueño.
El niño sacó unas monedas de su bolsillo y dijo:
-Sólo tengo 2 euros...¿Podría ver los perritos?
El dueño de la tienda sonrió y llamó a Fifi, la madre de los cachorritos, que vino corriendo, seguida de cinco bolitas de pelo. Uno de los cachorritos venía el último y caminaba con dificultad.
El niño, señalando a aquel cachorrito, preguntó:
-¿Qué le ha pasado?
El dueño de la tienda le dijo que el veterinario le había examinado y descubrió que tenía un problema en el hueso de la cadera, de manera que siempre caminaría con dificultad.
El niño se animó y dijo con los ojos llenos de alegría:
¡Ése es el perrito que quiero comprar!
El dueño de la tienda respondió:
-No, a este no lo puedes comprar. Si de veras lo quieres, te lo regalo.
El niño guardó silencio y con los ojos llenos de lágrimas, miró fijamente al dueño de la tienda y le dijo:
-Yo no quiero que usted me lo regale. Este perrito vale igual que cualquiera de los otros y yo voy a pagarlo todo. Le doy ahora 2 euros, y le iré pagando cinco euros cada mes, hasta pagar todo.
Sorprendido, el dueño de la tienda le contestó:
-¿Cómo vas a comprar este perrito? Nunca podrá correr, saltar o jugar contigo y con los otros perritos.
El niño, muy serio, se agachó y se descubrió lentamente la pierna izquierda, dejando ver la prótesis que usaba para andar... Y, mirando al dueño de la tienda le respondió:
-Mire...a mí me falta una pierna...Yo no corro muy bien y el perrito va a necesitar de alguien que lo entienda.
A veces despreciamos a las personas con quienes convivimos todos los días a causa de sus defectos, cuando en realidad todos somos iguales o peor que ellas. No nos damos cuenta de que esas mismas personas necesitan de alguien que las comprenda y las ame, no por lo que ellas pudieran hacer, sino por lo que realmente son. Amar a todos es difícil, pero no imposible.

divendres, de setembre 28

EL ALPINISTA

Cuentan que un alpinista, desesperado por conquistar el Aconcagua inició su travesía, después de años de preparación pero quería la gloria para él solo, por lo tanto subió sin compañeros.
Empezó a subir y se le fue haciendo tarde, y más tarde, y no se preparó para acampar, sino que decidió seguir subiendo decidido a llegar a la cima.
La noche cayó con gran pesadez en la altura de la montaña, ya no se podía ver absolutamente nada. Todo era negro, cero visibilidad, no había luna y las estrellas estaban cubiertas por las nubes.
Subiendo por un acantilado, a solo 100 metros de la cima, se resbaló y se desplomó por los aires... caía a una velocidad vertiginosa, solo podía ver veloces manchas más oscuras que pasaban en la misma oscuridad y la terrible sensación de ser succionado por la gravedad.
Seguía cayendo... y en esos angustiantes momentos, pasaron por su mente todos los gratos y no tan gratos momentos de la vida... El pensaba que iba a morir, sin embargo, de repente sintió un tirón muy fuerte que casi lo parte en dos...
SI, como todo alpinista experimentado, había clavado estacas de seguridad con candados a una larguísima soga que lo amarraba de la cintura.
En esos momentos de quietud, suspendido por los aires, no le quedo más que gritar:
-"AYUDAME DIOS MÍO..."
De repente una voz grave y profunda de los cielos le contestó:
-"QUE QUIERES QUE HAGA?"
-"Sálvame Dios mío."
-"REALMENTE CREES QUE TE PUEDA SALVAR?"
-"Por supuesto Señor "
-"ENTONCES CORTA LA CUERDA QUE TE SOSTIENE..."
Hubo un momento de silencio y quietud. El hombre se aferró más a la cuerda y reflexionó...


Cuenta el equipo de rescate que al otro día encontraron colgado a un alpinista congelado, muerto, agarrado con fuerza, con las manos a una cuerda... A DOS METROS DEL SUELO...

Y tú, que tan confiado estas de tu cuerda,
¿por qué no la sueltas?

divendres, de setembre 7

LA ROCA

Un hombre dormía en su cabaña cuando de repente una luz iluminó la habitación y apareció Dios.

El Señor le dijo que tenía un trabajo para él y le enseñó una gran roca frente a la cabaña. Le explicó que debía empujar la piedra con todas sus fuerzas.

El hombre hizo lo que el Señor le pidió, día tras día. Por muchos años, desde que salía el sol hasta el ocaso, el hombre empujaba la fría piedra con todas sus fuerzas…y esta no se movía.

Todas las noches el hombre regresaba a su cabaña muy cansado y sintiendo que todos sus esfuerzos eran en vano. El hombre empezó a sentirse frustrado y pensaba: "he estado empujando esa roca por mucho tiempo y no se ha movido. La tarea que me ha sido encomendada es imposible de realizar. Soy un fracaso".
Estos pensamientos incrementaron su sentimiento de frustración y desilusión. "¿Por qué esforzarte todo el día en esta tarea imposible? Solo haz un mínimo esfuerzo y será suficiente".

El hombre pensó en poner en práctica esto pero antes decidió elevar una oración al Señor y confesarle sus sentimientos: "Señor, he trabajado duro por mucho tiempo a tu servicio. He empleado toda mi fuerza para conseguir lo que me pediste, pero aún así, no he podido mover la roca ni un milímetro. ¿Qué pasa? ¿Por qué he fracasado? ".

El Señor le respondió con compasión: Querido amigo, cuando te pedí que me sirvieras y tu aceptaste, te dije que tu tarea era empujar contra la roca con todas tus fuerzas, y lo has hecho. Nunca dije que esperaba que la movieras. Tu tarea era empujar.

Ahora vienes a mi sin fuerzas a decirme que has fracasado, pero ¿en realidad fracasaste? Mírate ahora, tus brazos están fuertes y musculosos, tu espalda fuerte y bronceada, tus manos callosas por la constante presión, tus piernas se han vuelto duras. A pesar de la adversidad has crecido mucho y tus habilidades ahora son mayores que las que tuviste alguna vez.

Cierto, no has movido la roca, pero tu misión era ser obediente y empujar para ejercitar tu fe en mi. Eso lo has conseguido. Ahora, querido amigo, yo moveré la roca.

Algunas veces, cuando escuchamos la palabra del Señor, tratamos de utilizar nuestro intelecto para descifrar su voluntad, cuando en realidad Dios solo nos pide obediencia y fe en él. Debemos ejercitar nuestra fe, que mueve montañas, pero conscientes que es Dios quien al final logra moverlas.

Cuando todo parezca ir mal… solo EMPUJA!
Cuando estés agotado por el trabajo… solo EMPUJA!
Cuando la gente no se comporte de la manera que te parece que debería… solo EMPUJA!
Cuando no tienes más dinero para pagar tus cuentas… solo EMPUJA!
Cuando la gente simplemente no te comprende… solo EMPUJA!
Cuando te sientas agotado y sin fuerzas… solo EMPUJA!

Hay rocas imposibles de mover o de cambiar. Tal vez ESA no es nuestra misión.

dijous, de setembre 6

LES FALDILLES

(No fa massa vaig prometre que penjaria aquest petit relat que vaig escriure i que tenia oblidat en un document d'ordinador. Voilá.)

Les faldilles estaven allà mateix, damunt la cadira. Negres i amb un discret estampat de flors blanques, li suplicaven que se les emprovés. Ja portava 5 minuts mirant-se-les, en el més profund dels silencis i quiet com una estàtua.

En Carles era un home formal i ben estant, de 55 anys, feliçment casat i amb un fill a la universitat. El seu cercle d’amistats era força reduït. Mai havia estat algú popular, preferia passar-se llargues hores llegint abans que sortir un dissabte a la nit per anar al cine o jugar a bridge. La seva dona era igualment aigualida i, amb el temps, els dos havien entrat en una rutina estrictament casolana i monòtona. Es despertaven a les vuit. Esmorzaven a dos quarts de nou. Anaven a la feina. En retornaven a les vuit. Sopaven una hora més tard, mirant el telenotícies. I, a les deu, feien plegats els passatemps del diari. Intentaven que res ni ningú els molestés. Especialment en aquella última hora del dia, quan arribaven a desconnectar el telèfon com si la seva llar es tractés d’un santuari.

En Carles, doncs, mai havia fet una bogeria en tota la vida. Odiava la gent estrafalaria, les sorpreses d’aniversari, les pel•lícules còmiques i romàntiques, la sogra, el fotomuntatge que li havien regalat per les bodes de plata i que estava penjat al rebedor i, sobretot, els nens. Aquelles criatures imprevisibles, que no sabia com havia pogut aguantar durant tant de temps! Sí, en Carles tenia molt clar què era el que li agradava i el que li desagradava. Però les faldilles no entraven dintre de cap de les dues categories. Així doncs, necessitava pensar. Pensar a fons.

Què passaria si s’emprovava aquella peça de roba? La seva dona havia sortit a la perruqueria i tardaria una bona estona a tornar. Estava sol i avorrit, com cada dissabte, és cert. Però la roba sempre estava a l’armari ben guardada i mai no havia pogut tenir una temptació similar. En aquells moments, solia agafar el diari i llegir-lo a la còmoda butaca de menjador fins les dotze. Però ara no li apeteixia llegir, la maleïda faldilla el perseguia. No podia treure-se-la del cap.

“Què pasaria si se l’emprovava?”. Ningú tenia per què assabentar-se’n. Necessitava satisfer aquella experiència inherent en tot ésser masculí. Ell encara no l’havia tingut. Un carnaval havia estat a punt de disfressar-se de Marilyn però, al final, va posar seny i no ho va fer. Sabia que, després d’emprovar-se la faldilla, se n’oblidaria aviat i no tindria remordiments. Fins i tot podria confessar-se. Sí, el capellà li perdonaria l’entremaliadura, faria penitència un parell de dies, i tot tornaria a ser com abans.

Aquest últim pensament el va fer decidir. Delicadament, doncs, va agafar la peça de roba entre les seves mans - què suau era - se la va apropar a la galta i va runrunejar de plaer. Quina preciositat! Poc a poc, es va treure els pantalons. Va obrir la cremallera de la faldilla i la va fer lliscar dels peus fins a la cintura. Li anava sorprenentment bé. Estava fet per dur aquella faldilla. Però, de totes maneres, no estava del tot satisfet. Hi trobava a faltar alguna cosa. La faldilla de petites flors blanques no podia lluir sense l’escotada blusa blanca i el collaret de perles.

En Carles va obrir la calaixera i va buscar el que necessitava. Quan, finalment, va decidir plantar-se davant del mirall va quedar encisat per la seva imatge. Estava esplèndid! Tenia una cadera arrodonida i un cul sortit que la faldilla ressaltava i feia lluir amb elegància. Tenia una mica de panxa, és cert, però en Carles estava convençut que la seva dona encara en feia més, així que no li va donar més voltes a l’assumpte. Però... potser hagués necessitat una mica de pit perquè la blusa li escaiés a la perfecció? Això el turmentava.

De sobte, va tenir un pensament. Un pensament arrauxat. Per què no podia tenir pit si era mèdicament possible? Ho havia llegit en el “Lecturas”, la revista de premsa rosa de la seva dona. Allò tenia un nom: corporación dermoestètica. Sí, posats a ser atrevits per un dia, per què no trucava per informar-se’n? Només informar-se’n...

Tres mesos més tard en Carles ja no era en Carles sinó la Carla. *

* D’acord, em direu que aquesta història no és gens original, que està molt vista... Però tota la vida m'he preguntat d'on ve aquest afany dels éssers humans per canviar la pròpia identitat mitjançant "disfresses". Per què, per exemple, els hi agrada tant als homes vestir-se de dona? I què horrorós deu ser sentir-se descontent amb el sexe del propi cos!